Vanishing Voices: The Extinction of the World's Languages Daniel Nettle, Suzanne Romaine
Oxford University Press, 2000
Poca gente sabe que cerca de 100 lenguas nativas que antes se hablaban en lo que es ahora California están a punto de extinguirse, o que la mayoría de los 250 dialectos aborígenes de Australia se han esfumado. De hecho, por lo menos la mitad de las lenguas del mundo pueden desaparecer en el próximo siglo. ¿Qué les ha sucedido a esas voces? ¿Deberíamos alarmarnos ante la desaparición de la diversidad lingüística?
Los autores de Vanishing Voices sostienen que esta tendencia es más que meramente preocupante. Haciendo explícito el vínculo entre la supervivencia lingüística y los temas medioambientales, argumentan que la extinción de las lenguas forma parte del problema de mayor calado constituido por el colapso casi total del ecosistema mundial. En efecto, los autores aseveran que la lucha por preservar preciados recursos medioambientales —tales como las selvas tropicales— no se puede disociar de la lucha por mantener culturas diversas, y que las causas de la muerte de las lenguas, al igual que las de la destrucción ecológica, se hallan en la intersección entre política y ecología.
Y mientras que Nettle y Romaine defienden las lenguas amenazadas del planeta, también rinden tributo a los últimos hablantes de lenguas moribundas, como Nube Roja, un nativo americano de Carolina del Sur, como Ned Mandrell, con quien desapareció en 1974 el manés, o como el australiano Arthur Bennett, la última persona en saber más que unas pocas palabras de mbabaram. En nuestras lenguas está acumulada la sabiduría de la humanidad. Es más, cada lengua es una ventana única abierta a la experiencia. Vanishing Voices es una exhortación a preservar este recurso antes de que sea demasiado tarde.