Las lenguas se apagan cuando dejan de hablarse. Y ello sucede por varias razones. Ante todo cuando mueren los portadores de dichas lenguas, por catástrofes naturales o genocidio. Cuando los europeos exterminaron a los habitantes de Tasmania, en el siglo XIX, muchas lenguas murieron con ellos. Y de la misma forma, en los dos siglos siguientes a la llegada de los europeos a América, junto al 90 por ciento de la población indígena, diezmada por las enfermedades importadas por los conquistadores, murieron multitud de idiomas.
Las guerras y las diásporas pueden destruir una comunidad lingüística en poco más dos generaciones. También las opciones políticas pueden provocar la muerte de las lenguas: sucede cuando el grupo dominante en el poder opta por la asimilación (cultural, religiosa, lingüística) de los grupos minoritarios y por lo tanto margina las hablas que no son la propia —en las escuelas, en la administración y el servicio público—, en nombre de la unidad nacional y de una lengua única. Los ejemplos son múltiples: les sucedió a los kurdos en Turquía, a los aborígenes en Australia, a quienes el gobierno y la iglesia arrancaron los hijos durante todo el siglo XX para que se educaran «de forma adecuada», a los nativos americanos…
También tiene mucha relevancia el mercado, en el sentido de que si un lenguaje minoritario no se utiliza a la hora de realizar intercambios comerciales, difícilmente sobrevivirá.
Y el mercado se ha hecho global, con comunidades que se han homologado a las más potentes. El final del aislamiento geográfico, la urbanización y la globalización han visto surgir un escenario compuesto de lenguas globales para mercados globales y de modelos culturales dominantes, a los que las jóvenes generaciones quieren adecuarse, prefiriendo a menudo renunciar a los orígenes, a la identidad cultural y lingüística, porque dicho modelo se percibe como mejor.
Las lenguas realmente en peligro son aquellas habladas exclusivamente por los ancianos y que ya no se enseñan a los niños —por causas externas o por circunstancias internas de la comunidad, dictadas por la modificación del contexto socio-económico en el que nacieron dichas lenguas—.
Babel Talk quiere dar testimonio de estas lenguas en peligro…
¿Conoces iniciativas para salvar estas lenguas o historias y curiosidades relacionadas con ellas? Escríbenos
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Defaka
Los defaka, llamados también afakani, son un exiguo grupo étnico de la Nigeria suroccidental. En efecto, Nigeria es uno de los lugares donde se condensan un mayor número de los lenguajes existentes, puesto que tiene más de 515. Las dimensiones de la comunidad que habla este idioma giraba hace unos años en torno a las mil unidades (1.992), pero el dato actualizado hace suponer que hoy no sean más que una quinta parte.
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Dyirbal
Es un lenguaje hablado por los aborígenes australianos del noreste de la región del Queensland. Es hoy en día una lengua desahuciada, destinada a la extinción, por cuanto la utilizan en su forma originaria poquísimos individuos. En 2001 se estimaba que los hablantes del idioma tradicional eran cinco, con una edad superior a los 60 años.
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Eyak
Se llama Marie Smith, tiene 87 años, vive en Anchorage (Alaska), y es la última persona viva que habla con fluidez la lengua eyak, antiguamente compartida por todo un pueblo indio y ahora al borde de la extinción.
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