>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
english  /  français  /  español  /  italiano  /   /   / 
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
La Patagonia y Benetton / Las comunidades aborígenes / Ensueño en Patagonia /
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
¿Tierra de los prodigios o del diablo? / Diario de viaje / Dentro de la estancia / Boliche Patagonia / Concurso fotográfico /
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
Libros y Películas sobre Argentina / De viaje con los escritores / Adivina quién lo ha escrito / Cassidy y Kid / De paseo con La Trochita /
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
De viaje con los escritores
«Partido hacia Patagonia. Chatwin». Con este telegrama dirigido al director del Sunday Times, el entonces periodista inglés anunciaba el comienzo de una experiencia que cambiaría profundamente su vida y la de la literatura de viajes. Era 1974. Tres años después, Bruce Chatwin se convertía oficialmente en un escritor de fama mientras la Patagonia se hundía establemente en la fantasía del gran público. El interés del escritor nacido en Sheffield hacia esta región americana se remonta a los tiempos de la infancia, germina a partir de un presunto trozo de brontosauro encontrado por el primo de su abuela cerca del Estrecho de Magallanes: «puesto que el género más antiguo de relato de viaje —escribirá más tarde— es aquel en el que el narrador abandona su casa para ir a un país lejano en busca de un animal legendario».

Pero el diario personal, en Chatwin, se mezcla siempre con la descripción social y el mito. Y entonces, en los años de la juventud, la Patagonia se transforma en un búnker a cielo abierto contra la guerra fría.

«Sin embargo, confiaban en sobrevivir al flagelo. Fue instituido un comité de emigración y se hicieron planes para irse a establecer en algún rincón remoto de la tierra. (…) La guerra estallaría en el hemisferio norte, por eso nuestra atención se dirigió al sur. Descartadas las islas del Pacífico, porque las islas son trampas, descartadas Australia y Nueva Zelanda, la Patagonia resultó escogida como lugar más seguro de la tierra.

Imaginaba una casa baja de madera, con el tejado de coirón, alquitranado para resistir a los huracanes, con dentro un buen fuego en la chimenea y, alineados sobre las paredes, los mejores libros: un lugar donde vivir mientras el resto del mundo saltaba por los aires. Luego Stalin murió y nosotros cantamos en la capilla himnos de gloria a Dios, pero yo seguí guardando en reserva la Patagonia».

Una reserva que es tierra excéntrica, extremo límite, refugio y salvación (como lo había sido, antes de Chatwin, para muchos inmigrantes) pero ante todo fuente de inspiración. Se la deja ahí, a reposar como si fuera una tierra en barbecho, a la espera de esbozarla en un libro. Es lo que hace el argentino Mempo Giardinelli en Final de Novela en Patagonia.

«Algo me decía que aquel territorio me sugeriría el resto del texto que estaba buscando desde ya hacía demasiado tiempo».

Un territorio doble: el que los ojos de escritores y viajeros esperan ver con prepotencia y aquel que efectivamente se despliega frente a ellos dejándolos con la sensación de no lograr comprenderlo del todo».

«La Patagonia se muestra poco a poco, de forma sutil. (…) el viajero está ansioso, necesita que los ojos le confirmen aquello que espera ver. Es una idea clásica, inevitable, que la Patagonia ratifica, es cierto, aunque en su caso lo hace muy gradualmente».

Una región que para los escritores es por lo tanto una especie de El Dorado de la imaginación, un receptáculo de historias y de personas curiosas, estrafalarias y absurdas, a veces graciosas y grotescas, otras veces tristísimas. Como las vicisitudes —contadas por Luís Sepúlveda en Patagonia Express— del aviador Carlos E. Basta, que una vez tuvo que trasladar en su Piper el cadáver de un personaje importante durante 800 kilómetros: «… por aquellas cosas que suceden en el sur del mundo, un día se encontró al volante del primer vehículo fúnebre aéreo de los cielos australes».

Pero en el fondo la Patagonia es todavía y sobre todo un espacio de libertad donde fundirse con la naturaleza y con su energía creativa.

«Bajando hacia las llanuras de la estancia, una brisa ligera peinaba la hierba reluciente de la pradera; en algunas extensiones donde el coirón no dominaba con su rigidez de liquen, se veían los pastos punteados de las pequeñas margaritas blancas y otras florecillas que logran despuntar en aquellos climas rígidos. Sentíamos el fluido embriagador de la primavera plena; los músculos palpitantes de las monturas, nuestra sangre hirviente que parecía querer brotar de los dedos y una sensación de juventud y de fuerza que nos hacía respirar a pleno pulmón, infundían el deseo de galopar hacia el infinito». (Francisco Coloane, Cabo de Hornos)


(20/10/2005)

print
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
Búsqueda
Search

>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
Home / Newsletter / Legal notice
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
benettontalk.com / benettongroup.com / benetton.com / colorsmagazine.com / fabrica.it